Virgen y cotidiano: decisivo para la salud

Eso de que el Aceite es bueno para la Salud debemos matizarlo. Quiero decir, el Virgen si, el Virgen Extra mejor y a diario por favor.

El Aceite de Oliva a secas no es un zumo sino el resultado de la mezcla de un aceite refinado (esto es, un aceite lampante, no apto para el consumo y sometido a un agresivo proceso químico que le quitar el olor, el color y el sabor) con uno virgen. Como dice la acertada Anuncia Carpio cuando oigamos la palabra “refinado” en aceite no pensemos en que es “más fino” sino más bien en “refinería de petróleo”.

El Aceite de Oliva Virgen y el Virgen Extra son considerados ambos zumos de aceituna. La diferencia entre ellos es que el Virgen Extra no tiene ningún defecto organoléptico y el Virgen, a secas, si admite defectos. En una escala de defectos de 10 puntos puede llegar al 3,5 y si sobrepasara éste se considerará lampante. Este término hace referencia a lámpara. Era el aceite que en el pasado se desechaba para uso alimentario y se disponía para la iluminación.

El mercado actual insiste en confundir a los consumidores. Podemos leer en algunas etiquetas Aceite de oliva sabor suave o sabor intenso, lo cual es absolutamente engañoso. Esta clasificación sólo se puede hacer en función de la cata organoléptica que únicamente se realiza con los Vírgenes Extra. Estos aceites de oliva “sabor suave o intenso” contienen aceites lampantes refinados que no dejan de proceder de frutos que se exprimieron en un avanzado momento de fermentación.

Y, aunque ya no usemos la prensa sino la extracción continua, mantengamos en la memoria este ilustrativo refrán:

“Para ser Virgen Extra: del olivo a la prensa y de la prensa a la despensa.”

Y para que el AOVE haga su deseado y verdadero efecto sobre nuestro organismo es indispensable que lo tomemos a diario:

“Vale más un chorreoncillo diario que un azumbre de cuando en cuando”