Soneto para un cultivado sueco

EMANUEL SWEDENBORG
Más alto que los otros, caminaba
aquel hombre lejano entre los hombres;
Apena si llamaba por sus nombres
secretos a los ángeles. Miraba
lo que no ven los ojos terrenales:
La ardiente geometría, el cristalino
laberinto de Dios y el remolino
sórdido de los goces infernales.
Sabía que la Gloria y el Averno
en tu alma están y sus mitologías;
Sabía, como el griego, que los días
del tiempo son espejos del Eterno.
En árido latín fue registrando
últimas cosas sin por qué ni cuando.

(J.L.Borges)