Nuria Armengol: Cultivando la Pintura

Un amigo me explica con palabras una foto que tomó y que no puede mostrarme, con loque hace surgir en mí una imagen y de esa imagen hago un dibujo en papel.

La pintora cultivada

 

 

Yendo en coche por una ciudad, veo en una exhalación a dos jóvenes que hablan una frente a otra sentadas en un banco de piedra, con el gesto que buscaba y no encontraba durante meses en los que he estado haciendo apuntes sobre esa idea. Son dos momentos diferentes en los que puedo rastrear a posteriori el nacimiento de un cuadro.Pinto las visiones que imagino. Hago concretas y materializo lo que no es más que el destello de una idea en la pared de la cueva de mi cráneo. La idea germina, surge a la luz como el pequeño brote que rompe la cáscara de su semilla. Empiezo entonces el proceso de cultivarla, que puede durar durante semanas, meses o años, para que crezca y se desarrolle como un cuadro adulto. He de nutrirlo con pensamientos que lo completan, con la elección de los materiales adecuados, con decisiones sobre cuál será su paleta de color, qué elementos lo compondrán y cuáles descartaré por el camino,… y he de mancharme las manos con el color, como el agricultor con la tierra, con los colores que, como los ocres, son la misma tierra. Escucharé los consejos que me darán otros colegas en el cultivo de la pintura, vivos y muertos, porque así como mi cuerpo nació de mis padres, mis ideas nacen de mi cultura. He de ser constante en la atención que le dedico a mi cuadro, y también he de saber cuándo dejarlo descansar, como hay que dejar descansar cada cierto tiempo la tierra cultivada y respetar los ciclos de fertilidad que marcan las estaciones. Y un día tendré ante mí un cuadro adulto que se habrá desarrollado como lo hace un árbol. Tal vez su sombra ofrecerá frescor al espectador que lo mire, reconfortándolo y acompañándolo en su camino. Cultivando ese árbol que es mi cuadro habré también cultivado mi atención, paciencia, laboriosidad, precisión, espontaneidad, improvisación; habré apreciado lo que la tierra me ofrece con los cambios de luz sobre su piel, y habré aprendido a apreciar las obras que otros muchos han cultivado antes. El cultivo de la pintura a lo largo de los años, me habrá convertido en una cultivada.

La Risa, nuestro Destino

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