El sabor de una tierra: Cata en casa

Al igual que en los vinos, la cata se hace imprescindible para definir la personalidad del aceite. Un buen aceite debe ofrecer notas sensoriales diversas que en conjunto armonicen y permanezcan agradablemente en la memoria. La práctica de la cata del aceite sólo tiene sentido con un virgen extra que por tratarse de un zumo guarda un perfil aromático y gustativo propio y único que se caracteriza por su sabor y olor irreprochables. La cata profesional está sujeta a condiciones muy estrictas, sin embargo, la llamada “cata hedonista” es la que podemos practicar con amigos y en familia para educar el paladar con alimentos de la tierra.

Se empieza por la nariz inspirando lentamente el aroma, para percibir, no sólo la intensidad del frutado, sino los diferentes atributos del zumo. Comprobaremos primero que contenga el olor natural de la fruta sana, de lo contrario sería defectuoso. Después continuaríamos con la boca, tomamos un sorbito de aceite y lo pasamos por toda la boca hasta que lo tragamos lentamente mientras que inspiramos al mismo para producir el efecto “spray” que lleva el aceite a todas las partes de la lengua y paladar.

Nos detendremos en el cuerpo o densidad del aceite, en el equilibrio de su sabor (entre amargo, “dulce”, picante, astringente y ácido), además de entresacar los diferentes matices propios de alimentos frescos que ya conocemos como puede ser el tomate, pimiento, alcachofa, plátano, etc. Cuanto mayor sea nuestro registro o memoria sensorial más rica será la cata ya que no es posible detectar un sabor que nunca hemos probado.

La Cultivada cierre