Luz de Aceite

Dicen que fueron los fenicios los que inventaron las lámparas en las que, contaba Heródoto “metian sal y aceite y le prendían fuego”. Los griegos heredaron este sistema de alhumbrado. De aceite de oliva se alimentaba el candil a la luz de la cual Aristóteles pulía sus discursos, cuya forma cuidada denotaba largas horas de vigilia y que sus contemporáneos definieron como que “olían a candil”. De los griegos recibieron los romanos las lámparas de bronce y de arcilla y los candiles. Este tipo de alhumbrado requería un servicio especial ya que había que renovar con frecuencia el aceite.

La fabricación y ornamentación de estas lámparas era todo un arte para los romanos y las trabajaron con gusto exquisito. Se encontraban abundantemente en las catacumbas y esto dio lugar a su uso en cementerios y capillas cristianas. En la catedral de Sevilla hubo tantas lámparas de aceite como días tiene el año. Lo mismo ocurría en la Mezquita de Córdoba donde en su época de mayor esplendor se quemaban mil arrobas de aceite al año para su iluminación.

Los israelitas usaban el aceite más puro para sus lámparas votivas

 

Los tiempos han cambiado y seguimos dando usos originales al aceite y su continente