La Primavera




Sevilla transpira azahar y Santa Ana se engalana con flores de olivo.

Despues de las flores y mediante la polinización nacerán las aceitunitas que simbolizan la unión
entre los polos de la naturaleza.

La polaridad masculino-femenina es la base de la creatividad interpersonal. En el dominio psíquico del hombre es lo mismo, ya que en el amor entre hombre y mujer cada uno vuelve a nacer. Es también la polaridad de las dos funciones fundamentales: la de recibir y la de penetrar, que se manifiestan en la polaridad de la tierra y la lluvia; del río y el océano; de la noche y el día; de la oscuridad y la luz; de la materia y el espíritu…

El gran poeta y mísitico musulmán Rumi, expresó esta idea con hermosas frases:

Nunca el amante busca sin ser buscado por su amada.
Si la luz del amor ha penetrado en este corazón, sabe que también hay amor en aquel corazón.
Cuando el amor a Dios agita tu corazón, también Dios tiene amor para ti.
Sin la otra mano, ningún ruido de palmoteo sale de una mano.
La sabiduría Divina es destino y su secreto nos hace amarnos el uno al otro.
Por eso está ordenado que cada parte del mundo se una con su consorte.
El sabio dice: Cielo es hombre y Tierra mujer.
Cuando la Tierra no tiene calor, el Cielo se lo manda; cuando pierde su frescor y su rocío, el Cielo se lo devuelve.
El Cielo hace su ronda, como un marido que trabaja por su mujer.
Y la Tierra se ocupa del gobierno de su casa: cuida de los nacimientos y amamanta lo que pare.
Mira a la Tierra y al Cielo, tienen inteligencia, pues hacen el trabajo de los seres inteligentes.
Si esos dos no gustaran placer el uno del otro ¿por qué habrían de andar juntos como novios?
Sin la Tierra ¿despuntarían las flores, echarían flores los árboles? ¿Qué, entonces, producirían el calor y el agua del Cielo?
Así como Dios puso el deseo en el hombre y en la mujer para que el mundo fuera preservado por su unión.
Así en cada parte de la existencia planteó el deseo de la otra parte.
Día y noche son enemigos afuera; pero sirven ambos a un único fin.
Cada uno ama al otro en aras de la perfección de su mutuo trabajo.
Sin la noche, la naturaleza del Hombre no recibiría ganancia alguna,
y nada tendría entonces el Día para gastar”