La amistad entre olivos y abejas…

El descubrimiento de una amistad

Hoy hablaremos con Fausto Delegà, amigo italiano, nacido en Mantua, la única provincia dónde se hacen dos de los quesos más famosos del mundo, el Parmesano y el Grana Padano. Aunque en esta ocasión no hablaremos de queso, sino de un nuevo e interesante tema relacionado con el aceite y casi desconocido: la mágica sinergia que conecta a las abejas con los olivos.

Fausto nos cuenta que estas consideraciones son parte de su intervención específica  en  el taller sobre el aceite titulado “Olio oficina Food Festival 2013-Milano” , dirigido por Luigi Cargado y que todo ha sido publicado en Italia sobre la revista CavoloVerde, magazine on line por que él escribe.

La primera pregunta sería: ¿por qué el olivo tiene una vida tan larga? El olivo es un árbol – un ser viviente vegetal – que yo defino como “genial.” Está dotado, entre los muchos árboles terrestres, de gran inteligencia vegetal. Esta es una de las formas de inteligencia que existen en la naturaleza. El olivo es de hecho una planta tan inteligente y diplomática, sabia y previsora, que entiende y lee, con las mismas raíces, al menos una veintena de parámetros de los lugares en donde próspera, logrando así un diálogo único y especial con la tierra que lo sustenta.  Un diálogo que le garantiza una larga vida armoniosa y que le da una fuerza y resistencia que pocos otros árboles tienen.

Es un árbol que ha decidido valerse, en sus fases anuales de pasión y enamoramiento, del viento.
Científicamente el olivo es un ser vegetal anemogamo: se encomienda al viento para su fertilizaciòn. Al viento concede el transporte de su esencia más preciosa y vital: el polen. El aire hace de potente mensajero de amor. Encomendándose al viento, el olivo ha decidido, quizás también por esta razón, desarrollar muchas flores, entre veinte y veinticinco en cada tallo, aumentando así las probabilidades de reproducirse con éxito. Pero el viento es móvil como bien sabe la pluma, a menudo cambia de idea, fuerza y  dirección y pocas son las aceitunas que fructificarán con respeto a las flores.

En este razonar sobre la “causalidad de los vientos en los olivares”, entran en juego nuevos e impensables actores: abejas expertas en vuelo y dominio del viento, también expertas de pólenes, y  los apicultores. Pero, ¿y si de repente uniéramos ambos conocimientos?, ¿que pasarìa? Sucedería que el apicultur podría quizás demostrar conocimientos que el agricultor y olivicultor ni imagina.

¿Como?

La abeja es experta en polenes,  hace una pequeña escolta de néctar fresco que transporta en los bolsos melarie, néctar que le servirá para sacar los polenes de su aridez habitual, permitiéndolas así reducirlos en bolas cómodas  para transportarlas en vuelo. Un polen húmedo de néctar es mucho más pegajoso, y al ponerse pegajoso se pega fácilmente, allí donde el polen se pega actúa: fecunda. Así, y si las abejas vuelan entre las flores de los olivos en amor, siempre y sólo entre las mismas flores como ellas saben hacer, el número de las aceitunas finales sanas y portadoras de futuro aceite aumentará. Esto es lo que pocos saben y lo que los olivos tanto agradecerían a sus agricultores.

Las abejas hacen su pequeño milagro. Si ponéis colmenas en vuestros olivares, percibiréis cuantos beneficios os pueden aportar.