El tesoro escondido

Un habitante de Bagdad había malgastado toda su herencia y se encontraba en la indigencia. Después de dirigir a Dios ardientes oraciones, soñó oir una voz que le decía que en la ciudad de El Cairo había un tesoro escondido en cierto lugar. Llegando al Cairo sin dinero, resolvió mendigar, pero tuvo vergüenza de hacerlo antes de que cayera la noche. Cuando erraba por las calles, fue prendido por la patrulla, que lo tomó por un ladrón y lo molió a palos antes de que hubiera podido explicarse. Al final lo logró, y contó su sueño con tal acento de sinceridad que convenció al lugarteniente de policía. Éste exclamó: “Veo que no eres un ladrón sino un buen hombre; ¿pero como has podido ser tan estúpido de hacer un viaje tan largo basándote en un sueño? Yo he soñado muchas veces un tesoro escondido en Bagdad, en tal calle, en casa de fulano, y no por ello me he puesto en camino”: Pues bien, la casa que mencionaba era la del viajero. Éste, dando gracias a Dios de que la causa de su fortuna fuese su propio error, volvió a Bagdad, donde encontró el tesoro enterrado en su casa.