El Cultivo como arte de la vida


El arte del Cultivo es una práctica que como todo arte requiere de mucha repetición, pero lejos de ser algo aburrido debe ser sereno y jovial. Sereno porque si la mente está siempre entusiasmada, ocupada o agitada no hay manera de cultivarla. Y jovial porque la tristeza no dejar de ser una manera egoista de mirar el mundo. Claro que a veces el dolor nos invade por sorpresa, pero se trata de cultivarnos para vencerlo o de aprovecharlo para ser un poco más humildes y comprender a los que más sufren.
Cuando un artista se vuelve demasiado idealista acaba por suicidarse, porque entre lo que quiere y lo que puede hay un abismo. Nuestro Cultivo no es tan idealista a pesar de que intentaremos conseguir el mejor fruto. El objetivo de nuestro cultivo es sencillo, será simplemente cultivar la tierra un día tras otro, olvidándonos del resultado pero nunca del cultivo.
Quizas así alcancemos una mirada más pura. La pureza tambien es un término importante en este arte, pero ésta no consiste en pulir una cosa sino en aprender a ver las cosas tal y como son, sin añadirles “perfecciones” de ningún tipo.
En vez del olivo podemos poner el ejemplo de una madre en estado de gestación. Sólo tiene que preocuparse por una alimentación equilibrada día a día y el niño nacerá como tenga que ser, presumiblemente “perfecto”. Si esta señora se dedicara a soñar con un hijo perfecto estaría añadiendo cosas sobrantes a este cuidado diario, cosas que le podrían traer infelicidad para el resto de su vida.
El Cultivo está en la tierra. Las aceitunas seguirán naciendo cada año como por arte de magia.