Desayuna con Sabor

Des-ayuno, significa romper el ayuno después de una noche de sueño y prepararnos para un largo día de vida y trabajo. Según la medicina tradicional china es de 7 a 9 de la mañana cuando debemos practicarlo por ser el horario del meridiano del estómago, esto es cuando mejor funciona.

En Andalucía gustan los churros por la mañana y más que nada un buen pan tostado con aceite de oliva extra virgen y jamón ibérico de bellota. Los más atrevidos le pasan un ajo al pan pero hay que decir que esto no casa bien con el resto de ingredientes mucho más sutiles.

La tostada se suele acompañar con un café con leche cargadito y cada vez se le tiene más aprecio al descafeinado que no nos juega malas pasadas.
Mis desayunos van cambiando, sólo permanece entre ellos el sabor de la Cultivada que ultimamente derramo sobre un buen pan de centeno o de semillas, acompañado por un Earl grey y su aromática bergamota.

Según para qué, me resulta saludable adelantar el despertador. Dormir un poco menos para dedicarle 15 minutitos al desayuno, a respirar hondo y paladear pacíficamente lo que me aportara tanta energía. Hoy despues de ese ratito de paz y de mis propósitos cultivados, leía a Miguel Magallanes, que ha recibido recientemente el premio de la bellota de oro. Sobre el fraude del mercado del Jamón Ibérico decía indignado “si cruzas un caballo con un burro, tienes un mulo, no un caballo. Aquí se autoriza a que los mulos se llamen caballos y que los caballos se tengan que buscar otro nombre”. Y lo peor es que los fraudulentos mucha veces son los que ostentan la fama.
Con el Aceite de Oliva Extra Virgen que se supone es un aceite “sin defectos” ocurre lo mismo. Que ignorancia o, a lo peor, que desfachatez ofrecer a los clientes “aceites extra virgenes rancios, acidos y amargos” en una tierra donde abundan los olivos. Yo, que segun para que ya no tengo paciencia ni estómago y que me sigue gustando desayunar en la calle, llevo mi latita de la Cultivada en el bolso. Como debería llevar Magallanes su jamoncito al que yo pondría el nombre de “cultivado”. Él, que ya ha pagado con creces esa bellota de oro, sabe que sólo el trabajo con esmero otorga sabor y salud a un alimento.
Ya no vale sólo con la denominación de ibérico ni con la de aceite de oliva extra virgen. Tenemos que ir más allá y rescatar el verdadero sabor de los alimentos frescos y bien cultivados, y no cansarnos hasta dar con los que nos hacen bien. No se cansen de buscarlos porque los imprescincibles seguiran pacientes y orgullosos de alegrar ciertos paladares y de saber que aunque sean pocos no estan solos ni locos.