Conversando en el árbol con Nuria Armengol

 

Encuentro de Nuria y Elena el 22 de diciembre del 2011 en Maritja (Mallorca)

Nuria Armengol es artista. Vive en Barcelona. Se ha dedicado fundamentalmente a la pintura desde hace treinta años, después de terminar Bellas Artes en Barcelona. Ha hecho diez exposiciones individuales y ha participado en  muchas exposiciones colectivas, en España y el extranjero.

LC: Nuria ¿por qué ahora el Dibujo del natural? Desde fuera pudiera parecer casi un paso atrás.

N.A:. Es la mejor manera de conocer algo. Cuando dibujas algo del natural lo recorres, igual que un camino. Cuando dibujas a una persona del natural pasas por cada línea de su rostro. Es como si volvieras a recorrer la vida que ha hecho esas líneas antes. Eso te trae un conocimiento profundo de la persona, de su trayectoria, de cómo ha recorrido el camino.

Lo mismo ocurre con los vegetales. Con los vegetales la transformación es mucho más rápida. Puedes comenzar a dibujar un vegetal el lunes y si lo sigues dibujando a lo largo de toda la semana observarás grandes cambios.

El dibujo del natural te hace ser muy consciente de esa idea de vida que transcurre. Te lleva a observar con precisión los detalles, algo que quizá no hacemos habitualmente.

*Este verano tuve la suerte de asistir al ‘Taller de Pintura’ que da Antonio López, en compañía de Mari Moreno, su mujer, y los pintores José Mº Mezquita y Juan José Aquerreta, durante una semana en Pamplona. Pinté con modelos del natural, algo que había hecho durante muchos años, pero que prácticamente había dejado de hacer estos últimos años, porque estaba más centrada en mostrar imágenes evocadoras de una realidad posible. Mis cuadros mostraban los pensamientos o los estados de ánimo de la gente, no eran realistas. Por ejemplo, para representar la evolución de una niña a lo largo de su infancia, la mostraba jugando en un interior, acompañada de una adulta. Pero aunque era figurativo, todo tenía carga simbólica. Nunca vi en realidad esos espacios ni a esas personas en ellos haciendo lo que pintaba.

Antonio López tiene una manera de enfrentarse a la realidad, de absorberla, de transmutar la materia con vida en sus esculturas, que me interesa mucho.

Hace tres años dejé de pintar bruscamente, sentí que me había alejado de algo sin saber muy bien qué, que ese camino estaba agotado, y que no tenía herramientas ni recursos para encontrar otro camino. Hace algo más de un año  volví a pintar y entré en contacto de nuevo con pintores, lo que me dió impulso. Y Antonio López me dijo que ‘la realidad es suficiente’. Así que he mirado a mi alrededor, ahora vivo sola y lo que veo por las ventanas son estos árboles del jardín. Recordé lo que dijo Gaudí, otro gran observador de la realidad: ‘Mi maestro es el árbol que tengo frente a mi ventana’. Dibujar del natural los árboles que tengo tan cerca es disponer de modelos vivos a todas horas, todos los días del año. Ellos son ahora mi material de trabajo, mis maestros de realidad. Son lo que observo con atención.*

LC: De tu obra me llega la contemplación…

N.A: Para pintar cualquier cosa el primer paso es observarlo. Desde hace un año vivo en una casa desde donde disfruto de una perspectiva nueva. Podría tratarse de una cabaña en el árbol. Por las ventanas o por la terraza estoy a la altura de la copa de los árboles que están pegados a la fachada. Ya no veo el árbol desde abajo o desde lejos sino que lo veo como si fuera un pájaro posado en una de sus ramas. Este punto de vista me ha dado cercanía no sólo física sino emocional. Me ha permitido contemplarlo y sentirlo como nunca antes me había ocurrido.

LC: Háblanos de la Vida Vegetal.

N.A: La vida vegetal era un tema pendiente. Hasta ahora mi principal interés eran las personas. Las he observado, las he dibujado, las he pintado, las he imaginado y he construido muchos cuadros basados en ellas, en lo que piensan, en lo que hacen y en cómo lo hacen.

Un árbol me parecía algo grandioso, inabarcable. El año 2005 empecé un cuadro de un árbol enorme que terminé en 2008. Y en 2008 también pinté un díptico con dos árboles que titulé ‘El viaje de las ideas’, pero trabajaba a partir de fotos, porque del natural no era posible, no encontré los ejemplares de árbol que buscaba: árboles adultos que nunca hubieran sido podados por el hombre. Busqué por toda Barcelona y no encontré ninguno. Y pensaba que no disponía del tiempo necesario para pintar un árbol del natural, sin apenas práctica en el tema.

Hace un año empecé a dibujarlos del natural. Los primeros fueron muy torpes pero observé que cada vez que dibujaba un árbol aprendía algo.

 

Dibujo de Nuria sobre el olivo espiralado de Maritja (Mallorca)

¿Por qué me he metido en esto? ‘El gran Amor nace del gran conocimiento de aquello que amamos y si tú no lo conoces no podrás amarlo o lo amarás pobremente.’ Leí esta frase de Leonardo da Vinci a los 15 años en el libro ‘Introducción a la Pintura’, de Mario Dionisio,  y la he recordado desde entonces. Sin embargo, siento que no lo he aplicado hasta hace poco, cuando me propuse dar un repaso a lo que había hecho en mi vida hasta ahora y me di cuenta de que tal vez no había sido lo suficientemente paciente para llegar a conocer.

Al comenzar con la vida vegetal quise enfocarlo desde esta reflexión y por eso empiezo con el dibujo del natural, porque para una pintora es el primer paso para conocer algo. Y lo hago sin prisas, sin calendario, sin fecha de entrega, y sin detenerme.

Estos dibujos son los primeros pasos de un camino muy largo.

LC. Gracias Nuria. Espero y deseo seguir de cerca tu camino y que sigas cultivándote y lógicamente cultivándonos. Permite que deje aquí la imagen de Juego 7. Esta pintura tuya dio paso a una amistad que conservo como un tesoro y celebro como una fiesta.

 

 

Diptico Juego 7. Oleo/Lienzo. 120x240 cms. 2007 Nuria Armengol

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