Cultivando Cuentos

Los Cultivados son amantes de la belleza que reconocen en lo más inesperado. Luchan a cada instante por conservar la facilidad de improvisación, la audacia y la alegría que animan la obra de arte.


La cultura oral es la memoria del mundo, evocada en el arte, la música y en un sentido natural de protección del medioambiente. Transmite mensajes sencillos en forma de canto, cuento, refrán, relato, fábula, oración o mito, que cultivan el espíritu, y entusiasman tanto a mayores como a pequeños. La Cultivada propone el viaje por el universo del aceite, recuperando antiguas tradiciones orales, a través de fluidos talleres de cuentos.

Cuento de las arenas

Un burbujeante rio llegó a un desierto y vio que no podía cruzarlo. El agua desaparecía en la arena fina, cada vez con mayor celeridad. El Río dijo en voz alta: “Mi destino es cruzar este desierto pero no veo el modo de hacerlo.”

La voz del Desierto contestó en la lengua secreta de la naturaleza:

-El Viento cruza el desierto, y tú también puedes hacerlo

-Pero cuando lo intento soy absorbido por la arena, y, aunque me precipite hacia el desierto, sólo puedo recorrer una breve distancia.

-El Viento no se precipita contra la arena del desierto.

-Pero el Viento puede volar y yo no.

-Piensas de modo equivocado; tratar de volar por ti mismo es absurdo. Deja que el Viento te lleve sobre la arena.

-¿Cómo es posible?

-Deja que el Viento te absorba.

-El Río protestó diciendo que no quería perder su individualidad de aquella manera. Si lo hacía podía no volver a existir.

-Eso, dijo la Arena, era una forma de la lógica pero no se refería en absoluto a la realidad. Cuando el Viento absorbía humedad la transportaba sobre el desierto y entonces la soltaba en forma de lluvia. La lluvia se convertía en un rio.

Pero- preguntó el río- ¿cómo sabrías que aquello era cierto?

-Es cierto y deberás creerlo o serás tragado por las arenas para formar, dentro de millones de años, un cenagal.

-Pero si es así ¿seré el mismo río que ahora?

-En ningún caso podrás continuar ser el mismo río que ahora eres. No tienes elección; sólo lo parece. El Viento se llevará tu esencia, tu parte más sutil. Cuando vuelvas a ser un río en las montañas al otro lado de las arenas, los hombres quizás te llamen con un nombre diferente; pero tú, esencialmente, sabrás que eres el mismo. Hoy crees que eres un determinado río porque no sabes qué parte de ti es tu esencia.

El Río cruzó el desierto elevándose en los brazos del oportuno Viento, que lo recogió lo elevó lenta y cuidadosamente y volvió a dejarlo con suave firmeza sobre las montañas de una tierra lejana.

Ahora-dijo el Río-he aprendido mi verdadera identidad. Y pensó “¿Por qué no supe pensarlo yo solo? ¿por qué tuvo que decirmelo la Arena? ¿Qué habría ocurrido si no hubiese escuchado a la Arena?”

Un grano de arena respondió al Río “Sólo lo sabe la Arena porque ha visto cómo ocurría; además se extiende desde el río a la montaña. Forma el vínculo y tiene, como todo lo demás, su misión que cumplir. El modo como debe comportarse en su viaje el río de la vida está escrito en la Arena”

Érase la Navidad y nuestro Anhelo Cultivado

¡Qué anhelo tan sustancioso éste que nos Cultiva y nos impulsa a buscar el Paraíso en cada momento!

En el mes de diciembre, después de la cosecha de aceitunas, mientras los Olivos descansaban placidamente en su Andalucía natal, me dispuse para un nuevo vuelo. Rumbo al Mediterráneo. No sabía exactamente la razón de mi viaje ni lo que buscaba.

Por el camino se fueron uniendo viajeros y mi solitaria andadura se transformó en una expedición.

Una de esas noches cerradas nos adentramos en un extraño y no menos maravilloso bosque. Para entonces el número del grupo ascendía a siete, como el las Pléyades, que nos guiaban anunciando el solsticio. La oscuridad nos velaba el camino en tierra. Una estrella maestra para cada viajero: Maya, Celeno, Alcíone, Electra, Estérope, Táigete y Mérope, eran los nombres de las siete hermanas que por un rato dejaron al infante Dionisio para orientarnos en esta travesía cósmica.

Entregados a las celestes niñeras avanzábamos sin miedo. Su luz se esparcía en la inmensidad del cielo formando una cartografía perfecta. El recuerdo y cumplimiento de las tablas de navegación de Virgilio estimulaba nuestro paso hasta que algo fabuloso detuvo aquel alegre vaiven e hizo bajar a tierra nuestras cabezas.

Un hermosísimo Abeto atrapó nuestro dificultoso mirar. ¡Qué frutos tan insólitos colgaban de sus ramas! Uno de ellos tenía forma rectangular y en sus paredes de oro llevaba incrustado un par de rubíes que más bien parecían inmensos ojos de color púrpura. A través de ellos pudimos contemplar, uno a uno, los secretos del bosque y su Cultivo. Contentos como estábamos de tan profundo saber, no imaginábamos que aún nos quedaba lo mejor. El inaudito fruto se transformó en un manantial de zumo verde que brotaba generosamente y sobre el que, no sin cierto temor, pusimos los labios para atrevernos a probar.

¡Que dulce elixir!. De nuestras bocas comenzaron a brotar sabrosas letras en latín, palabras tan bien inspiradas que el mismísimo Horacio descendió de su ilustre trono, no sólo para disfrutar de la extravagancia del evento sino para anunciarnos el camino más apropiado de vuelta a Casa.

Nos dio siete pautas para salir del bosque que, conformados en círculo y alrededor de su ardiente presencia, enumeramos atentamente tres veces y sin distracción.

Justo cuando la lluvia se dejaba a caer emprendimos la marcha. Después de unas horas, casi intuyéndose la mañana, nos cruzamos con un misterioso cazador. Omar, presumía llamarse. Llevaba por presa una gacela, y una rama de olivo clavada en medio del pecho. ¡Qué curiosidad nos produjo su sonreída herida! Apenas nos contó que durante una noche serena y mientras escuchaba sin resguardo el cantar de los vientos, fue herido de Amor por una paloma.

Se hizo de día y seguimos caminando. Acompañados por el corazón pulsante del cazador y alentados por Horacio, presenciamos tres veces el nacer del Arcoriris, a la par que el bosque iba transformándose en un bello y cultivado Jardín. Llegamos a la puerta de una Casa. Era de color verde claro, y tenía dos ventanas y un antiguo letrero donde podía leerse su nombre.

Habíamos llegado a Can Dionis.

Abrimos la puerta y Fue Navidad

Fruto de la Navidad

 

Colorín colorado y como el Cuento no se ha acabado Atrévete tú ahora a degustar este exótico y cultivado fruto sin olvidar los consejos Bien Inspirados de los clásicos. “Si incipies, perfecte incipe”

El espejo

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Una vez llamó un rey a palacio a unos pintores de la China y Bizancio. Los chinos pretendían ser los mejores artistas. Los griegos, por su parte, reivindicaban la preeminencia en su arte. El rey les encargó decorar con ferscos dos paredes que estaban una frente a otra. Se corrió una cortina entre ambos grupos de competidores para que pintasen cada uno su pared sin darse cuenta de lo que hacían sus rivales. Pero, mientras los chinos empleaban toda clase de pinturas y desplegaban grandes esfuerzos, los griegos se contentaban con pulir y lijar su pared sin descanso. Cuando descorrieron la cortina pudieron admirarse los magníficos frescos de los pintores chinos reflejados en la pared opuesta, que brillaba como un espejo. Pues bien, todo lo que había visto el rey en la pared de los chinos parecía mucho más hermoso reflejado en la pared de los griegos.

(un corazón puro recibe innumerables imágenes)

Maya

Existió el mito de un santo indio que buscaba el conocimiento llamado NARADA. Un día se encontró con el dios VISHNU, y le pidió que le explicara la magia de Maya. Vishnu le llevó al desierto, hacía mucho calor de modo que el Dios le pidió a Narada que fuera a un pueblo cercano para traerle agua. Narada fué al pueblo y llamó a una casa, le abrió la mujer más bella que nunca había visto: se enamoraron a primera vista. Narada pidió la mano de la joven a los padres de ella y ellos aceptaron porque se sentían felices de que un gran asceta abandonara la búsqueda de la verdad y se casara con su hija. Se casaron, les dieron una casita a las afueras del pueblo y pronto tuvieron dos preciosas hijas y un niño. Estaban felices y la cosecha era abundante. Pero un dia llegó una gran tormenta, con una gran inundación. narada vió cómo el agua arrastraba a sus hijos y se ahogaban y, finalmente su mujer también se ahogó sin que él pudiera evitarlo; fué arrastrado por el torrente, se golpeó la cabeza y cayó inconsciente. Entonces, escuchó una voz que le dijo: “¿Dónde está el agua que fuiste a traerme? he estado esperando más de media hora”. Era la voz de Vishnu. Narada abrió los ojos, vió que la inundación había desaparecido. El Dios le sonrió y le dijo: “Y ahora, ¿entiendes el secreto de Maya?”

La pìedra filosofal

Un cuento de Andersen:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/andersen/piedra.htm

cozinhar não é serviço meu neto

cozinhar não é serviço meu neto”, disse ela. “cozinhar é um modo de amar os outros”

 

(O Fio das Missangas, Mia Couto.)

Cuento del gato

Este era un gato
con las orejas de trapo,
y la barriga al revés.
¿Quieres que te lo cuente
otra vez?

“El Búho que no podía ulular”

Este cuento de Robert Fisher nos habla de la búsqueda del sentido de la vida y nos recuerda valores fundamentales de la existencia humana, reflejándolos en animales. Trata de un pequeño búho que no es capaz de emitir el sonido propio de su especie, sino un sonido que ofende a los ancianos de su aldea. El bebé, a pesar de los esfuerzos de sus padres, no logra entonar el tradicional “who” (en inglés quien), sino que no deja de repetir “why” (por que). Entonces es expulsado del bosque y con tristeza abandona a sus padres. En su camino, se encuentra con un patito que tiene el mismo problema, ya que en lugar de decir “cuac” entona un desafiante “cuic”. Los dos compañeros se alejan en busca de aventuras, felices de encontrar compañía. Se dirigen a la ciudad, pues el pato está decidido a estudiar medicina y el búho, para no quedarse solo, se determina a ingresar a la universidad con su nuevo amigo. Allí, descubren que los animales no pueden ingresar a las universidades y aunque pudieran, antes deberían estudiar muchos años. Se sienten bastante perplejos y tristes. Entonces, preguntan a las personas a que se dedican para encontrar algo que sea de su agrado. Pero descubren que los hombres no son felices, sino que se afanan en tener dinero para gastar. Ellos no quieren esta vida vacía. Entonces, descubren que deben aceptarse como son y valorar su verdadera identidad como búho y pato para poder volver con sus familias.

Griegos y Romanos


Se utilizaba el aceite virgen sobre todo para aliñar las ensaladas de verduras y hortalizas crudas (acetaria) que griegos y romanos consumían en gran cantidad y variedad. El aceite de calidad era por supuesto esencial para la elaboración de platos más exquisitos y las salsas más refinadas y de preparaciones ran populares como el moretum que describe Virgilio.
Otros de sus empleos más comunes consistía simplemente en derramarlo gota a gota sobre el pan, costumbre que afortunadamente se ha conservado hasta nuestros días en los países ribereños del área mediterránea y que constituye en muchos casos el componente esencial y diferencial de desayunos y meriendas.
Los frugales griegos de las épocas antigua y clásica, al igual que los romanos hasta los últimos tiempos de la República, comían in gran número de alimentos hervidos y especialmente una buena cantidad de sopas y potajes cuyos sabores eran sustancialmente mejorados con la adición de un chorrito de aceite que también servía en ocasiones para rociar sus carnes y pescados.
Además el aceite de oliva era largamente utilizado en la dulcería y pastelería por su gran utilidad para ligar las masas. Apicio en su compendio de cocina emplea profundamente el aceite y es el tercer ingrediente mas usado interviniendo en las 3 cuartas partes de todas las recetas, sólo superado por la pimienta y el garum.

"Juego 7"

Pintura de Nuria Armengol

“Comparten una habitación, pero viven el tiempo de manera muy diferente: para el niño media hora es un mundo, para el adulto es un ratito. El niño se mueve mucho más, su metabolismo va a una velocidad enorme, de crecimiento, el adulto piensa, se mueve, actúa a otra velocidad . Viven en mundos diferentes aun dentro de una misma habitación.”

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