Aceite de Oliva: el premio de los campeones

En la Antigua Grecia, las habilidades atléticas eran, antes de nada, reconocidas como regalos de los dioses, y por tanto, los eventos deportivos se celebraban en su honor. El más importante de todos ellos era el que honraba a Zeus y tenía lugar en Olimpia. Por otro lado, Atenas constituía la sede del festival religioso anual, la Panatenea, que celebraba la fundación de la ciudad ensalzando a su diosa y fundadora Palas Atenea. Así que eran frecuentes las competiciones atléticas tipo Olimpiada y cada cuatro años tenían lugar los juegos de la Gran Panatenea, donde había carreras de caballos, competencias de remo,  maratones y lanzamientos de jabalina, entre otros.

Y ¡ménudo premio recibían los vencedores!: a los atletas que ocupaban el primer y segundo puesto ganador además de adornar sus cabezas con hojas de olivo eran recompensados con enormes ánforas de cerámica que contenían aceite de oliva, de la mejor calidad y procedente de los olivares de la ciudad sagrada, Atenas. Estas ánforas se decoraban detalladamente: mientras que por un lado aparecía la imagen de la diosa Palas Atenea, por el otro se especificaba el certamen para el que iba destinado el premio.

Un ánfora podía contener casi 40 litros de aceite y el premio mayúsculo era de no menos de 140 ánforas para el triunfador de carreras de carros. Dado que esta cantidad suponía más de lo que el ganador podía consumir se convirtió en costumbre vender la mitad del premio. Razón por la cual las ánforas de aceite viajaron por todas partes y se fue consolidando la reputación y calidad del aceite ateniense.

 

Ánfora Pantenaica. The British Museum, London.

En la foto podemos ver el prototipo típico del ánfora panatenaica. Es uno de los ejemplos mejor preservados y se encuentra en el British Museum de Londres. En la parte amplia podemos distinguir claramente a la diosa Palas Atenea y justo arriba, en el cuello de la vasija, encontramos a su fiel compañera y ave sabia, que se correspondería con nuestra lechuza Cultivada.