La tierra los da sin sentirlos y ellos nunca la han traicionado, han puesto sus nervios y su dureza a su servicio. Los alberos ven olivos fruteros, siempre frescos y enramados, los cubriales los desmedran, los polvillos los asolanm pero ya puede el sol apretar, ya puede el hacha ensañarse, serles infiel la reja labradora, tardia la lluvia, duro el viento, recio el sol, agudo el frío y larga la escarcha, que puntualmente vendran con su aceituna el año que les toque y generosamente correrá el aceite por cauchines en los molinos y blandamente se derramará en dornillos y rebanadas.
(Jose Antonio Muñoz Rojas)