“Un árbol glorioso florece en nuestra tierra doria: nuestra dulce, húmeda y plateada niñera: el olivo. Nacido de sí mismo e inmortal, sin miedo a los enemigos, su fuerza intemporal desafía a los pícaros, jóvenes y viejos, pues Zeus y Atenea lo guardan con ojos que nunca duermen”

(Sófocles, Edipo en Colona)