Los ojos de un miope desenfocan naturalmente las casas en la lejanía, pero la luz y las sombras proyectadas en los edificios son tan nitidas a 1 metro como a 10, 20 o 30 metros de distancia. Tampoco pueden definir los rasgos de un rostro humano distante pero si los juegos de luces que el sol produce en sus siluetas. El cielo sin nubes amanece plateado, sigue rosado, blanco y dorado para acabar todo en una masa de azul intenso. Estos colores y su densidad se perciben netos y diáfanos sin lentes correctoras de visión.